Aprendizaje, las condiciones óptimas necesarias.

En este artículo vamos a hablar de las condiciones óptimas que debemos propiciar en el aula como docentes si queremos que se dé el aprendizaje.

En primer lugar, se debe crear un entorno resonante. Es decir, un ambiente compatible con nuestro cerebro que sea enriquecido, libre de amenazas y seguro

Muchos aspectos pueden influir para que un entorno sea resonante. Por ejemplo, la luz, si hay poca luz incide en los niveles de serotonina, por lo que es importante que la luz sea adecuada. 

Otro aspecto muy importante son las características del docente, su inteligencia emocional, liderazgo, empatía … Como docentes debemos tener en cuenta que se debe dar a cada alumno lo que necesita. 

También otros aspectos son, la agenda del aula, el feedback con los alumnos, respecto a los periodos de atención, cubrir los estilos de aprendizaje y las herramientas mentales (memorización significativa, mapas mentales…).

Una vez que se ha creado el entorno resonante, debemos activar el sistema de recompensa cerebral, ofreciendo desafíos que motiven, esto dependerá de los estilos de aprendizaje.

Nuestro reto como docentes será comprender mejor a los alumnos para proponerles un desafío motivador. Un primer paso para que un desafío sea motivador, es conseguir la atención del alumno. Si algo me atrae, quiero resolverlo, comprenderlo… Por tanto, el alumno disfrutará dominando ese desafío. 

Los desafíos deben ser acordes con las capacidades, sí siento que el reto me supera me sentiré frustrado. Sin embargo, si el desafío está por debajo de mi capacidad, me desmotiva. Por tanto, voy a necesitar un reto a mi altura, si veo que soy capaz de resolverlo sentiré placer por hacerlo, eso se traduce a nivel neurológico en que mi cerebro producirá serotonina que es el neurotransmisor del placer. 

Como docentes, para activar el sistema de recompensa en el aula tenemos que tener buenas expectativas sobre nuestros alumnos. Presentar el desafío de diferentes formas, involucrado sus sentidos, aprovechando las ventanas de aprendizaje o períodos sensibles y apelando a todos los estilos de aprendizajes que podamos.

En cuanto a las expectativas que tengamos de nuestros alumnos, un ejemplo claro es el efecto Pigmalion.

En relación al estilo de aprendizaje, podemos tener en cuenta las diferentes inteligencias múltiples de las que habla H. Gardner.

Por supuesto, es importante además que los alumnos participen de forma activa, hay mucha diferencia entre entender y aprender.

Y para finalizar, debemos considerar que el cerebro solo va a tener en cuenta y conservar aquello que le parezca importante para sobrevivir. Por eso, también tenemos que buscar aquello que impacta directamente en la supervivencia del alumno, por ejemplo, si lo considera relevante para su futuro.

 

Autora: Pilar Montes Luna

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Aprendizaje, las condiciones óptimas necesarias.

 

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